domingo, 20 de abril de 2008

Sueños de agua de lluvia

¿Qué hacer en una lluviosa noche de sábado cuando no te apetece salir? Y, obviamente, tampoco te llaman las obligaciones cotidianas o las tareas que deberías haber realizado hace días (véase estudiar para el examen de la semana que viene...) La respuesta está clara: ver una buena película. Y así, casi por casualidad, que es realmente cómo acontecen los sucesos importantes de la vida, me tropecé en pleno zapping con una película que, curiosamente, en su día no me llamó la atención lo suficiente cómo para acercarme a las multisalas a verla. Sin embargo, esta noche, por su temática, me llamo la atención: La Joven del Agua, de M.Night Shyamalan (el director de El Sexto Sentido, por si alguien no lo sabe)

Y comprobé que, como en otras de sus películas y al margen del empeño de la industria en encasillarlo como típico cineasta de terror, este director sigue sabiendo cómo intrigar y conmover a todo aquél que, con la mente y la imaginación abiertas, se sientan frente a la pantalla dispuesto a dejar que las emociones más tristes, anhelantes y profundas que pueda albergar el alma humana jueguen con la suya propia hasta dejarla temblorosa y en carne viva...

Hacía tiempo que no veía una película que me hiciera pensar de verdad, que me pusiera la piel de gallina, que alborotara mis emociones cual bandada de pájaros asustados y me hiciera ver el mundo con otros ojos, como un lugar en que aún tuvieran cabida la magia y la esperanza. Un lugar en que varias personas cooperan por un bien común. Un lugar que aún es susceptible de cambiar para mejor...

Es cierto que la trama de por sí ya es atractiva; muchos somos los que sentimos predilección por las historias de seres mágicos y los prolegómenos de sus mundos de fantasía... sin embargo, no es eso lo que de verdad me cautivó de esta película. Creo haber dicho con anterioridad, aunque no en este blog, que me encanta, tanto en el cine como en la literatura o la música, leer entre líneas, ir más allá de lo que las simples palabras nos cuentan de forma literal. Me gusta ahondar, conectar con los personajes, empatizar y ver a través de sus ojos, adentrarme en el argumento y sentir, más que entender, los mensajes ocultos o no tan ocultos que la obra esconde.

En este caso, había infinidad de mensajes, y no todos tan crípticos que no se pudieran entrever a la primera. No es mi intención deshacer aquí el argumento de la película, ni desvelar su final; por eso, me voy a limitar a destacar los puntos que más me motivaron y emocionaron, sin dar muchos detalles (de todas formas, si alguien no la ha visto y no se quiere arriesgar, es el momento de dejar de leer; avisados quedáis)

...para empezar, la historia secreta del protagonista: un hombre en apariencia totalmente normal, e incluso diría que un poquito insulso, guardaba en su interior uno de los peores secretos que se pueden guardar. Él poseía la callada tristeza y resignación de quién ha perdido cuanto más se puede perder en esta vida y no se encuentra dispuesto a hablar de ello. Pero su dolor, seguro, debía de hacerse patente en cada paso que daba, en lo difícil que le debía de resultar llenar sus pulmones de aire para acto seguido volverlos a vaciar, una y otra vez, día tras día; en momentos tan cotidianos e hirientes como el silencio de una casa desierta, un libro de texto cubierto de polvo en un cajón, o el sonido a lo lejos de una canción infantil... Sin embargo, a lo largo de toda la historia se ve cómo seguía caminando, respirando y entrando en su apartamento vacío, porque lo único que queda por hacer ante una tragedia es seguir viviendo, aunque parezca que ya no merece la pena y ni siquiera te importe que quizás nunca vuelva a merecerla...

...el poder que adquieren en la trama los cuentos infantiles; cuentos que se transfieren de generación en generación, de cada a madre a sus hijos, y éstos a su vez a los suyos, hasta que no tenga relevancia quién inventó ese cuento. Y es que, en realidad, están tan vivos cómo las personas que los narran; cada nuevo intérprete le añade algo propio, algo de su personalidad, y a la vez elimina lo que menos le gusta. De esta manera, el relato crece y se desarrolla a la luz de una lámpara de noche, alimentado por voces maternales, con canciones de cuna y animales de peluche como compañeros de juego; se convierte, en definitiva, en un proceso dinámico e infinito; al menos, mientra se siga contando...
... y llega un día en que el cuento te encuentra a tí...

... la forma en que, ya desde el principio, nada es lo que se da a entender, y cómo de ningún modo los roles al principio de la historia coinciden con los finales. Ningún personaje es quién parece ser... quizá simplemente porque comienzan siendo lo que los demás creen que son, y terminan siendo ellos mismos, desempeñando los papeles que les han sido asignados por Destino... Esto es una gran verdad, y muy aplicable a los que durante mucho tiempo hemos creído las opiniones que los demás tenían de nosotros, hasta tal punto que llegamos a pensar que somos así en realidad, sin escuchar la voz interna que nos dice lo contrario. Hace poco precisamente me propuse no volver a caer en ese error, y esta parte de la historia viene a darme la razón. Al fin y al cabo, como dice uno de los personajes: "¿cómo saber cuál es nuestra misión de antemano?"...

... también ver cómo, dentro de una raza (aunque no sea totalmente humana) cuando nace un individuo especial llamado a realizar tareas importantes dentro de su pueblo, se le oculta su singular naturaleza el máximo tiempo posible; en teoría, esto tiene la finalidad de poner frenos a su vanidad y evitar que crezca en él el despotismo y las ansias de poder, pero en algunos casos tiene el efecto contrario al deseado, esto es, que el ser en cuestión llegue a menospreciarse y a pensar que carece de valor como individuo (¡y la realidad es justo la contraria! curioso ¿no?)...

... por último, pero no por eso menos importante, el personaje del escritor. Debe resultar estremecedor que te predigan que tu obra, en el futuro, va a inspirar a un gran líder y éste a su vez va a contribuir a modificar la conciencia de la humanidad; que, según palabras textuales, va a servir para introducir en el mundo la Semilla del Cambio... pero, por supuesto, no sin un precio que pagar por ello... y eso es algo recurrente en la historia del mundo: todos aquellos que han ido en contra de los líderes imperantes, que han luchado y han movido masas en pos de un mundo más justo y más civilizado, han acabado siendo sacrificados en nombre de sus ideales, sin llegar a ver los frutos que éstos producían. Hay multitud de ejemplos, desde Jesucristo a Mahatma Gandhi... y lo más escalofriante es que la mayoría conoce su destino de antemano... pero no parece importarles demasiado, o al menos, no lo bastante para cejar en su lucha. Definitivamente, para ser un visionario hay que estar hecho de una madera especial... una madera de un árbol que, además de genio, también tiene un poco de héroe, y de loco, y de soñador...

En fin, una película, otras tantas reflexiones... eso sí, mañana tengo que ponerme en serio; mañana SÍ que toca estudiar... deseadme suerte :)

3 comentarios:

Javier dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Javier dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rosa Roja y ¿eres real?SI CLARO dijo...

Tuviste suerte????