sábado, 21 de marzo de 2009

Todo Aquello que Quiero



Nunca me he considerado ambiciosa en exceso. Y sin embargo, el tiempo te enseña que la sencillez se impone ante todo… también, con una claridad casi aterradora conforme pasan los años, a distinguir lo verdaderamente importante de lo que nunca lo ha sido en absoluto.


Mi corazón, durante los primeros años de mi vida, no ha dado indicios de una fuerza significativa, sino que parecía latir más bien apocado, con miedo de hacerse oír entre las demás pulsiones vitales que lo rodeaban. Con temor quizás a que lo aplastaran sin piedad. Lo cual pudo haber sido cierto en algunas épocas de mi vida, pero resultó alargarse mucho más de lo que hubiera sido conveniente. Y es que, tristemente, la fuerza de la costumbre y de la inercia, grises y pesadas como el cemento, hacen que ciertas actitudes pervivan en muchas ocasiones más allá de la fuerza, de las ganas de vivir o del simple sentido común. Convirtiéndose, por tanto, en rémoras que te impiden avanzar en tu camino, sea éste cual sea.


No es así por más tiempo. Mi corazón ha decidido imponer su autoridad, con más brutalidad de la que nunca lo hubiera creído capaz, tal vez por el ansia de recuperar el tiempo perdido… que no es poco. Ya no le importa ser escuchado, es más, es él quien ahora se esfuerza en que sus latidos no pasen desapercibidos en lo que resta de su breve paso por el mundo. Ha comprendido que no tiene nada de qué avergonzarse. Es más, ha decidido que piensa dejar alguna señal de dicho paso; no está dispuesto a que se le olvide así como así una vez haya cesado en su constante ritmo. Aunque finalmente sólo le recuerden los corazones afines a él, con eso le es más que suficiente.


En cuanto a mí, lo único que puedo hacer es respetar su voluntad. No debo resistirme a él; es más, me niego a resistirme a él.


El primero de sus deseos es que mis pies estén descalzos. Esto no admite negociación alguna, pero yo estoy de acuerdo con sus motivos. Y es que ya no quiero perderme nada de esta vida. Porque quiero sentirlo todo; lo que haga cosquillas a mi alma hasta que ésta no tenga más remedio que reír a carcajadas, y también lo que sea capaz de derramar mis lágrimas… porque si lo hace, es que realmente lo merecía.


Quiero estar descalza; y que si el suelo está frío, sirva para templar el calor de mis ideas cuando bullen a toda prisa en mi interior. Y sentir la calidez de la tierra, de la vida que bulle debajo de ella y que me conecta con el origen de todo, de todos los seres vivos iguales a mí y que, como yo, viven al ritmo de los latidos de su propio corazón. Sentir también la arena deshacerse entre los dedos de mis pies, consolándome y curando las heridas del camino; el agua de mar que me golpea incesante en sus interminables idas y venidas, sin dejar nunca que mis pies se sequen y la echen de menos antes de volver de nuevo junto a mí, siempre de nuevo junto a mí…


Viviré descalza de ahora en adelante, porque no quiero más barreras que me separen de la vida. Y porque si mis pies no se encuentran bien anclados en la tierra, nunca me será posible soñar sin límites; nunca lograré alzar el vuelo hasta llegar a lo más alto.


El segundo (y el último por ahora, pero todo se andará): mi corazón desea que haga todo lo posible porque las piedras cobren vida. Depende también de mí que las piedras se muevan y tenga lugar otra noche mágica, no una vez al año como dice la leyenda, sino todas las que sean necesarias.


Y es que para que los milagros ocurran, primero han de soñarse, ser modelados con las manos del alma hasta que adquieran su propia forma, su textura, sus colores… cuando por fin queda terminado tu pequeño milagro privado, cuando lo conoces de la misma forma que tienes en tu cabeza un mapa de las líneas que surcan la palma de tu mano, o del color exacto de los ojos de la persona de la que hace tiempo te enamoraste a los dos minutos de conocerla… entonces está listo para traspasar la frontera entre los sueños y la realidad… o lo que es igual, para hacer realidad tus sueños.


Estos son, de momento y hasta nuevo aviso, las principales voluntades de mi corazón. Y, como ya he dicho antes, no me queda más remedio que hacer lo que me pide. Al fin y al cabo, se encarga de mantenerme con vida.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.

-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...

-Ciertamente -dijo el zorro.

- ¡Y vas a llorar!, -dijo él principito.

-¡Seguro!

-No ganas nada.

-Gano -dijo el zoro- he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

-Adiós -le dijo.

-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.

-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.

-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...

-Yo soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo

Edu dijo...

La vida nos destina para vivir y solo lo percibimos sientiendo. Dar vidas a las piedras, me recuerda a un poema de gabriel celaya. Bellos principios esquematizados en este Post.
Un Saludo.

saroide dijo...

Precioso. Si tu corazón te pide que te liberes, que quieras, que sientas, no sé lo niegues. Él sabe lo que se hace.
UN BESO.

El chache dijo...

Me ha encantado.
Una maravilla.
Un saludete

Sergio dijo...

El corazón es lo único que nos queda, es la única luz al final del túnel. Si no tienes corazón, estás muerto. Si no tienes corazón no tienes derecho a vivir. Y tú tienes el corazón enorme. Vives y sueñas con el corazón, pero sobre todo escribes con él. Sigue el ronroneo cadencioso, que a veces se abalanza como un caballo desbocado y otras parece dormir. La razón sin el ritmo del corazón sólo sirve a los locos niña de las piedras que hablan. Un beso desde el mar azul. Un beso enorme.

Juls dijo...

M parece un propósito muy noble, y sin duda es uan razón d epeso, peero hay que ir con cuidado, que el corazón es altamente adictivo, y desgraciadamente variable y caprichoso.

un besito, y mucha suerte

Illystil dijo...

Anónimo: el Principito describe tantas emociones, de una forma tan única... cómo yo no podría hacerlo jamás. Y al fin y al cabo, no es dañino ser domesticado, aunque se sufra, porque de todo se aprende; y más aún del dolor.

Hola Saroide: eso es exactamente lo que yo creo, que si mi corazón me lo pide, será por algo. Basta ya de hacerle oídos sordos. Él me conoce mejor que nadie, y con eso me basta de momento :)

Hola Edu: me alegro de que te haya gustado. La Noche de las Piedras hace referencia a una leyenda medieval, según la cual existe una noche mágica en el año en que las piedras cobran vida. Me pareció sugerente...

Hola Chache: y a mí me encanta que te encante. Y, por supuesto, recibir tus visitas.

Hola Sergio: tu comentario me ha parecido precioso, muy poético. Y te agradezco mucho todo lo que me dices. Intento, desde luego, escribir desde el corazón. Demasiadas falsedades hay en este mundo; si al menos se es auténtico al escribir, ya se ha conseguido mucho...

Hola Juls: bienvenida. Como si estuvieras en tu casa :) Y como ya te dije en tu blog, es cierto que el corazón también es voluble y puede llegar a confundirte; pero como bien dices, me parece noble dejarme guiar por él. Estoy segura de que es más de fiar de lo que pueda parecer a priori.

Gracias a tod@s por estar ahí. Este espacio no sería lo mismo sin vosotr@s.